Aunque la bayoneta calada es compatible con el disparo, normalmente el infante no lleva la bayoneta calada, ya que:
- el peso del fusil se incrementa
- caminando, es un peligro para sus compañeros y para él mismo
- y a la hora de disparar, el fusil “cabecea”, por lo que la puntería se resiente. Un fusil está calibrado para ser disparado sin la bayoneta
Por ello, el uso de la bayoneta solo se realiza en situaciones específicas. Por ejemplo:
- en una guardia ya que el arma se apoya en el suelo, e intimida a los posibles intrusos
- custodiando prisioneros, de forma que dota al soldado algo con qué amenazar, sin llegar al disparo. Un simple pinchazo de la punta basta para motivar a cualquiera; por otra parte, la distancia extra que da la bayoneta dificulta cualquier movimiento sospechoso que el prisionero quiera hacer.
- en zonas donde el enemigo puede aparecer de improvisto, como sería una jungla o una zona urbana
Fuera de estos supuestos, el uso de la bayoneta calada solo se realiza cuando el enemigo está muy cerca y el choque cuerpo a cuerpo es inevitable. En cierto modo, cuando un mando da la orden de “calar bayoneta”, es que algo no ha ido bien, sin que haya podido neutralizarse al enemigo sin exponerse al cuerpo a cuerpo. Es un último recurso.
Y sin calar la bayoneta, puede emplearse como un instrumento polivalente, tanto para temas de intendencia (abrelatas, cubiertos), como para determinadas actividades (por ejemplo, abrir puertas, revisar el suelo detectando minas, examinar cadáveres, etc…).
Una foto en la que vemos un machete-bayoneta, que lleva el granadero inglés en el cinto, y cómo lo coloca


